El Salón Elíptico de la Asamblea Nacional, lugar donde se efectuaría la instalación de la Asamblea Constituyente. Foto tomada de Primicias24

Desde hace algunas semanas pareciera que hay fuertes discusiones entre quienes somos de izquierda y apoyamos al Comandante Chávez. Amigos y conocidos, personas con quienes he militado y que conozco desde hace 15 años o más, parece que nos hemos dividido en dos grupos: uno que apoya la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), y otro que está en su contra.

El debate se ha puesto muy fuerte, y de hecho, hemos leído y escuchado expresiones muy altisonantes en ambas direcciones: muchos de quienes apoyan la ANC, acusan de “traidores” a los que están en contra. Muchos de quienes no la apoyan, acusan de “gobierneros” y “tarifados” a quienes sí lo hacemos.
Por ello, quería dejar en claro mi posición sobre la Constituyente.
En primer lugar, no me considero “tarifado” ni “gobiernero”. Mi decisión de trabajar en un ente público es enteramente mía, y es consecuencia directa de mi posición política. No estoy apoyando a Nicolás Maduro porque trabaje en un ministerio. Es al revés: trabajo en un ministerio por decisión propia, porque es mi forma de apoyar a Maduro. Tengo compañeros de trabajo que son abiertamente opositores, todo el mundo los conoce y los respeta. Sé que hay otros entes públicos donde sí se intenta coaccionar a los trabajadores a manifestar tales o cuales posiciones, pero no es el caso del sitio donde yo trabajo.
Tampoco soy una persona que se calle ante los desacuerdos que pueda tener con decisiones del gobierno. Cualquiera puede buscar mis artículos enAporrea, y va a encontrar desde abiertos apoyos a la revolución, hasta duras críticas contra decisiones puntuales.
Por otro lado, tengo grandes amigos y compañeros de lucha, tanto en el PSUV como en otros partidos y movimientos políticos revolucionarios. Y los voy a seguir teniendo, por muchas coincidencias y desacuerdos que tenga con ellos. Uno no puede limitar o cambiar de amistades de acuerdo a lo que esté ocurriendo en el país, o de lo que alguien piense o deje de pensar sobre alguna decisión o algún actor político.
Por ende, al menos yo no voy a caer en llamar “traidor” a nadie, a pesar de las diferencias que pueda tener con ellos en temas delicados, como la Constituyente. No van a dejar de ser amigos, no voy a dejar de tratarlos ni de saludarlos.
Sin embargo, sí quiero dejar en claro por qué creo que el paso que Maduro tomó con la Constituyente es correcto.
Tal vez sea repetitivo, pero tenemos que recordar que Venezuela es un país repleto de recursos naturales ambicionados por empresas transnacionales y poderes económicos extranjeros. La muerte de Hugo Chávez, a quien llegaron a considerar un líder inderrotable, y el ascenso al poder de Nicolás Maduro, a quien le tienen menos respeto, ha abierto una nueva posibilidad de derrocar al gobierno bolivariano de formas parecidas a como se ha logrado con gobiernos en otras partes del mundo: interviniendo de forma sutil, generando condiciones para que una parte de la población se ponga en contra del gobierno y lo saque, sin tener que recurrir a una intervención militar costosa e impopular.
En diciembre de 2015, la oposición logró la victoria en las elecciones de la Asamblea Nacional, en medio del descontento por las colas y situaciones de escasez de alimentos, que se combinaron con la imposición de algunos candidatos repetitivos y poco populares por parte del Psuv en determinadas regiones, lo que favoreció la abstención.
Sin embargo, la oposición no logró cumplir sus promesas de acabar las colas ni mucho menos las de sacar a Maduro en los seis meses siguientes a su victoria. Tampoco lograron convocar un referendo revocatorio contra Maduro, en parte porque perdieron varios meses en desacuerdos internos sobre cuál era la mejor forma de sacarlo del poder.
Tras desconocer varias decisiones del TSJ, la Asamblea Nacional terminó siendo declarada en “desacato” por el tribunal supremo, y sus decisiones en la actualidad no tienen legalidad alguna. Ni siquiera a Goldman Sachs le interesó su opinión a la hora de comprar bonos de Pdvsa. La AN podrían resolver la situación de desacato de una forma relativamente fácil, ejecutando unos procedimientos para desincorporar a tres diputados del estado Amazonas, pero parecen no estar interesados en hacerlo.
La caída de los precios del petróleo, el contrabando de extracción, la existencia de empresarios inescrupulosos que usaban el control de cambio para enriquecerse aprovechando a funcionarios corruptos; la falta de controles sobre estos empresarios, la corrupción en funcionarios en las fronteras y aduanas y muchas otras causas causaron una severa escasez y una grotesca alza de precios en muchos alimentos y productos de consumo masivo. A todo esto lo llamamos “guerra económica”, y si bien no se puede ocultar que ha habido mucha incompetencia de parte de ciertos funcionarios gubernamentales, la verdad es que esta situación fue aprovechada por empresarios, políticos de derecha y medios de comunicación, coordinados desde el exterior, para aumentar el descontento del pueblo, en un intento para forzar la salida de Maduro del poder.
No es mera especulación mía; es que esta situación se ha repetido en muchas ocasiones, comenzando por diciembre de 2002, cuando se declaró un paro petrolero y empresarial que duró 62 días y repitió muchas partes de este mismo guión. La diferencia es que, esta vez, en 2017, prefirieron hacerlo de forma mucho más silenciosa, sin un líder empresarial y uno sindical que dieran partes de guerra todos los días a las 6 de la tarde.
Maduro respondió aumentando los sueldos y tickets de alimentación varias veces al año; creando los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap), un sistema para poder llevar a las familias de los sectores más necesitados los productos más necesarios, y de generar nuevas formas de organización popular que generaran al menos una pequeña parte de los productos necesarios. También Maduro intenta, con los famosos “quince motores”, que los productos que se importaban en la época de la bonanza petrolera se fabriquen en el país. Aunque aún falta mucho para concretarlo.
De allí que la oposición decidió, como si la guerra económica de 2017 fuera poca cosa, llamar nuevamente a “guarimbas” o protestas violentas, esta vez con algunas diferencias respecto a su iteración anterior de 2014:
  • Tienen más experiencia y logística
  • Tienen mejor entrenamiento
  • Tienen dirigentes de oposición mucho más violentos y “resteados”
  • Tienen un apoyo económico mucho más constante de parte del gobierno estadounidense.
  • Aprovechan su inmunidad como diputados o gobernadores para:
    • exigirle a las Fuerzas Armadas que desconozcan a su Comandante en Jefe y den un golpe de Estado
    • apoyar de forma pública y notoria a manifestantes violentos encapuchados, muchos de ellos menores de edad, que utilizan explosivos caseros, morteros y otros implementos contra efectivos policiales y militares.
  • Tienen un apoyo más contundente de organismos multilaterales como la OEA
Llevamos ya 83 muertos en 70 días de protestas violentas. La oposición aprovecha cada nuevo muerto (incluyendo personas que no estaban manifestando e incluso militantes chavistas) para culpar de ello a Maduro y mantener un clima de indignación en sus seguidores, que justifique nuevas marchas y protestas, que a su vez traen más muertos.
Los dirigentes opositores violentos saben que, en un ambiente donde hay 3 o 4 días de protestas semanales, cada uno de ellos con decenas de marchas o concentraciones en todo el país, con decenas de miles de efectivos policiales y militares resistiendo ante muchachos opositores violentos que arremeten contra ellos, es sólo cuestión de tiempo hasta que alguien cometa un error de gravedad: que alguien muy conocido y apreciado pierda la vida, que un error produzca una gran mortandad, que los efectivos se cansen y se nieguen a obedecer órdenes, que un oficial termine cediendo ante presiones (incluyendo las de su propia familia, ofrecimientos de dinero, chantajes), que paramilitares asesinen personas inocentes de forma masiva y se los atribuyan al chavismo.

La contratación de bandas criminales para tomar sectores residenciales y causar temor y zozobra, asaltando y a veces asesinando, se ha vuelto habitual en varios sectores de Caracas. Mucha gente se asusta y se niega a transitar, a ir a trabajar, a viajar, a enviar a sus hijos a clases. El secuestro y quema de camiones ha hecho que el envío de mercancías de un lugar a otro del país se convierta en una labor de alto riesgo, causando más escasez.

Es imposible mantener un país económicamente activo si estas condiciones se alargan por semanas o meses.
En resumen:
  • No tenemos Asamblea Nacional.
  • No tenemos Ministerio Público (en el sentido de que no toma las decisiones que el país necesita).
  • La violencia política y la cantidad de muertos crecen cada día.
  • Grupos delincuenciales son contratados para causar caos en zonas muy visibles.
  • El gobierno tiene que tener cuidado de cómo procede, pues la más mínima acción que parezca violatoria a los derechos humanos puede ser justificativo para cualquier intervención externa.
  • Las redes sociales y los medios digitales se usan para exacerbar el odio entre los bandos.
Maduro intentó por todas las vías ofrecer un camino de diálogo a los opositores, que estos no quieren tomar porque sólo quieren que el gobierno sea derrocado.
¿Qué más se puede hacer?
Es obvio que hay que comenzar a detener a ciertos dirigentes opositores causantes de estos graves hechos de violencia, cuyos expedientes delictivos tienen miles de páginas y hubieran sido detenidos hace años en cualquiera de los países que hoy nos acusan de ser una dictadura.
Y no me refiero al dirigente político que está contra Maduro y marcha pacíficamente, pues ese es un derecho que cada quien tiene. Me refiero al dirigente político que está organizando grupos de choque con adolescentes, personas en situación de calle y personas de sectores populares, a quienes se les paga, se les entrena, se les dota con explosivos, chopos, armas caseras y otros implementos para colocarlos a confrontar a los cuerpos de seguridad cada dos días, buscando el muerto necesario para que siga la violencia.

Estos dirigentes son los mismos de siempre:
  • Hicieron de todo para que Chávez perdiera las elecciones de 1998.
  • Estuvieron en contra de la Constituyente y del referendo de 1999, del cual provino la Constitución actual, de la que hoy dicen ser defensores.
  • Apoyaron un paro en 2001 contra la ley de Tierras, la de Pesca o la de Hidrocarburos
  • Fueron perdonados el 14 de abril de 2002 en la madrugada por el comandante Hugo Chávez, crucifijo en mano, luego de que ejecutaran un golpe de Estado en su contra.
  • Luego fueron a mesas de diálogo lideradas por José Vicente Rangel.
  • Luego encabezaron el paro de diciembre de 2002, que por 62 días causó penurias a todos los venezolanos.
  • Luego fueron perdonados en febrero de 2003, cuando el país volvió a la normalidad y nadie los arrestó.
  • Luego, en 2004, intentaron dar un golpe de estado usando un centenar de paramilitares descubiertos en una finca llamada Daktari, ubicada en El Hatillo. Hoy el dueño de la finca vive en Estados Unidos, y el jefe policial que detuvo a esos paramilitares es un “chavista disidente”.
  • Luego, también en 2004, encabezaron las primeras guarimbas o manifestaciones violentas, que dejaron 9 personas muertas.
  • Luego, también en 2004, ocurrieron los primeros actos terroristas: bombas en el edificio Caracas Teleport, en el consulado de Colombia, en la embajada de España. Los autores materiales hoy dirigen organizaciones en el exterior que recogen dinero para los guarimberos, y son entrevistados con frecuencia en CNN en Español y otros canales de Miami como héroes, de quienes no se recuerda su pasado terrorista.
  • Capriles estuvo detenido cuatro meses en 2004, pero de nada sirvió: salió peor.
  • Luego, vinieron las protestas violentas de 2007, cuando lo de Rctv.
  • Ese año, como gesto de buena voluntad, el Presidente Chávez de nuevo ofreció un indulto a todos los que habían cometido delitos en 2002 que no fueran de lesa humanidad.
  • Chávez murió en 2013, tras dos años luchando contra una enfermedad, y ni por estar enfermo estos mismos dirigentes opositores dejaron de sabotear su gestión.
  • Luego, vinieron las elecciones presidenciales de abril de 2013. Maduro gana, y nuevamente las mismas caras de la oposición llamaron a protestas violentas, que dejaron nueve muertos.
  • A cambio de detener las protestas, Capriles fue perdonado. Una vez más.
  • Luego, vinieron las guarimbas de 2014, denominadas “La Salida”. Dejaron 43 muertos.
  • Leopoldo López fue juzgado por ser su cabecilla y cumple condena de 13 años, pero todos los demás líderes de “La Salida” fueron perdonados.
  • Luego, en 2017, estas mismas caras encabezan las protestas violentas que llevan 83 muertos
A cada perdón sucedía otra conspiración, y lugo otro perdón: golpes, guarimbas, protestas violentas, amenazas e intentos de paralizar el país a menudo eran respondidos con perdón y diálogo, a lo que de nuevo venía más golpes, guarimbas y violencia.
Todos nos preguntamos si estamos condenados a pasar el resto de nuestras vidas viendo como, cada dos o tres años, vuelven a encabezar la guarimba o el paro definitivo, final y ultimísimo para acabar con el gobierno, ejecutado por exactamente las mismas caras que lo vienen haciendo cada dos o tres años desde 2001.

Más de un amigo chavista y revolucionario se ha ido del país, porque quiere tener una vida normal y no aguanta vivir y ver crecer a sus hijos en un lugar donde cada dos o tres años terminamos siendo acosados por nuestros propios vecinos, familiares, compañeros de trabajo y de estudios, teniendo que esconder sus preferencias políticas, todo porque las personas que dominan los medios de producción y de comunicación se empeñan cada cierto tiempo en que, ¡esta vez sí!, ¡vamos a tumbar a Maduro!

Y cuando ves la lista de víctimas en años como 2013, 2014 o 2017, vemos que la mitad o más son personas que no participaban en las manifestaciones. En muchos casos, eran personas que simplemente pasaban en un lugar, que se asomaron a ver, que trataban de pasar por una barricada, que conducían normalmente por una avenida y los sorprendió una bala asesina, una guaya, un obstáculo en la vía. En muchos casos, eran camaradas chavistas. Y luego de morir, su nombre es usado por opositores desinformados y manipulados por los medios, quienes afirman falsamente que fueron asesinados por la Guardia Nacional, por la Policía, por una lacrimógena disparada por Maduro.

¡Ya basta! ¡Es hora de ejecutar acciones más punitivas! No estamos hablando de volvernos una dictadura ni de violar derechos humanos, ¡sino simplemente castigar a esos rostros repetitivos que, desde hace 18 años, se han empeñado en acabar con nuestra paz!

En marzo de 2017, antes de que comenzaran las guarimbas, el gobierno intentó, a través del TSJ, remover la inmunidad a los parlamentarios responsables de diferentes delitos, pero la Fiscal General de la República y muchos aliados del gobierno, tanto a nivel nacional como internacional, se mostraron muy preocupados por esta acción, que se parecía mucho a la disolución de un congreso. Que se parecía a una dictadura. Que fue denominada “ruptura del hilo constitucional”.
Así que, a finales de marzo, hubo que echarla para atrás. ¿La consecuencia? La oposición interpretó el gesto de Maduro como debilidad y el 1 de abril de 2017 inició las nuevas guarimbas.
La Fiscal General de la República ha tenido muy poco interés en ir contra los cabecillas de estas protestas violentas, y normalmente libera a más del 90 por ciento de las personas que son aprehendidas por los cuerpos de seguridad. Los diputados que organizan a los grupos violentos gozan de inmunidad, al igual que el gobernador de Miranda, y sin la intervención directa de la Fiscalía General, es muy poco lo que puede hacerse contra ellos para detenerlos y juzgarlos.

Constituyente como vía para “destrancar el juego”

De allí que el Presidente activó la Asamblea Nacional Constituyente, como única vía para lograr destrancar el juego.
La ANC ostentará el poder constituyente originario y tendrá atribuciones prácticamente ilimitadas sobre cualquier poder establecido. Una vez que la Asamblea Nacional Constituyente quede instalada, Maduro podrá ir a ella y hacer sus propuestas. La ANC debatirá y aprobará lo que ellos consideren conveniente.
¿Qué acciones propondrá Maduro desde la ANC?
Asumiendo que estamos en una guerra y que Maduro es el comandante de las fuerzas del chavismo, es obvio que él no debería adelantar cuál será su próximo paso, tal y como la oposición tampoco lo está haciendo. Maduro podría proponer la remoción de las inmunidades parlamentarias o el antejuicio de mérito a determinadas personas, la reestructuración de la Fiscalía General o la remoción de su cabeza, la realización de elecciones anticipadas de determinados poderes públicos, la relegitimación de todos los poderes… son muchas las posibilidades que puede tomar.
No sé cuáles serán esas decisiones, pero supongo que deben conducir a la detención y el enjuiciamiento de una serie de personas responsables de toda esta violencia política. 
¿Qué otra cosa podría hacer Maduro? ¿Renunciar a la Presidencia, convocar a elecciones generales y que el país probablemente termine entregándose a las manos de un gobierno de derecha que arrase con todos los planes sociales y avances logrados en 18 años de gestión? Un gobierno de este tipo nos fusilará juntos a todos, seamos del Psuv, PCV, Redes o Marea Socialista. Y no se molestará en colocarle cartelitos de “tarifados” o “traidores” a las fosas comunes en donde depositen nuestros cadáveres. Tampoco vendrán a rescatarnos ninguno de los que se escandalizan hoy desde la Comunidad Internacional por las decisiones de Maduro. Ni siquiera vendrán a inspeccionar nuestros cadáveres, para ver qué fue lo que nos mató.
Veo a muchos compañeros preocupados, alegando en algunos casos que la Constitución de 1999 no debe cambiarse, por ser parte del legado de Chávez. Un argumento bastante débil considerando que el propio Comandante Chávez intentó reformarla en 2007. Y él mismo, al perder la reforma, dejó abierta la posibilidad de intentar reformarla de nuevo en el siguiente período presidencial.
Otros exigen que se haga un referendo previo antes de ir a la Constituyente. Ya se ha explicado numerosas veces que los artículos 347 a 349 no mencionan la necesidad de ir a un referendo previo, y que esta posibilidad se planteó en el debate constituyente de 1999, pero no se aprobó por verlo innecesario. De cualquier forma, Maduro colocó en las bases comiciales que habrá un referendo una vez termine la ANC,para que el pueblo apruebe la nueva Constitución.
Hay personas que están en desacuerdo con la visión del Maduro sobre la Constituyente. Unos critican la elección de constituyentes por sectores. Otros tenían una visión más romántica sobre la misma: una constituyente del poder popular, con poca participación de las burocracias y de los partidos, desarrollada en un ambiente más calmado y menos polarizado. 
Sí, yo también estoy de acuerdo en que nunca imaginé que una Constituyente pudiera desarrollarse en medio de condiciones parecidas a una guerra. Pero vuelvo e insisto: esta Constituyente se está convocando de forma urgente para detener la caída libre que Venezuela tiene en este momento, rumbo a una guerra civil.Su función, más que generar una nueva Carta Magna, es la de lograr las condiciones para destrancar el juego, restaurar el funcionamiento de todos los poderes públicos, detener a los causantes de la violencia y traer de nuevo la paz y cierta normalidad a la nación.
Sobre las discrepancias legales y políticas, yo no niego que pueda haberlas. Pero es que a mí, como ciudadano, como persona, me preocupa la enorme cantidad de muertos que hay producto de las protestas violentas, y el hecho de que aquellos dirigentes opositores que abiertamente están causando esta mortandad, lo siguen haciendo sin que nadie pueda detenerlos. Camaradas, ¡estamos yendo directamente a una guerra! Y lamentablemente, tampoco he leído de ustedes alguna propuesta seria sobre cómo evitarlo.

Si la única forma de no ir a una guerra es aprovechando los poderes ilimitados que dará una Constituyente, ¿desaprovecharemos esta última oportunidad por un legalismo, una inconformidad, por el maltrato de algún ministro o porque no nos guste algún dirigente local o regional del Psuv?

El que yo apoye la Constituyente no significa que me agraden el 100 por ciento de las decisiones que toma Maduro o algunos miembros de su equipo. Pero pienso que él, hasta ahora, se ha mostrado como un líder que escucha y que, en diferentes ocasiones, ha estado dispuesto a rectificar cuando ha hecho falta. Creo que tenemos que confiar en él, y creo que hay que respetar al comandante de un país en la situación que vivimos: una situación muy próxima a una guerra, con un adversario ―un Imperio gigantesco, el más poderoso de la Historia― que se abalanza con todas sus fuerzas contra todos nosotros, con el fin de adueñarse de nuevo de nuestras riquezas.
Con esto no estoy llamando a abstenerse de discrepar. 
Estoy llamando a apoyar a Maduro en medio de las difíciles y controversiales decisiones que podrían tomarse en el marco de la Asamblea Nacional Constituyente, y a presentar ante él, ante su equipo y ante la futura ANC aquellas advertencias, discrepancias y desacuerdos que podamos tener, sin olvidar quién es nuestro aliado, y quienes son nuestros enemigos que quisieran vernos muertos. 
Creo que Chávez lo llamó de esta manera: “irreverencia en la discusión, lealtad en la acción”.
Es mi humilde opinión sobre el tema. Creo que estamos en un ambiente previo a una guerra civil, y creo que la ANC es la última alternativa que tenemos para lograr poner en funcionamiento de nuevo los poderes públicos, dialogar con aquellos dirigentes opositores que quieran dialogar, y juzgar a aquellos que insistan en el camino de la guerra.

Fuente: lubrio