Resulta notable que en los acontecimientos de la historia contemporánea, los elementos que titulan este escrito, mantienen una línea de conexión vigente en todo el espectro de la política, tanto nacional como internacional.

El Dron probablemente conjuga en sí mismo todo el avance de la ciencia y la tecnología que caracteriza sobre todo al mundo desarrollado que, al ser utilizado para fines militares, entonces resume a su vez, de la manera más infalible, eficaz y sofisticada la violencia y la intolerancia que caracteriza a la inquisición, que prevaleció como instrumento de dominación ideológica durante la edad media y el periodo del oscurantismo.

El Dron, técnicamente conocido en la ONU como “vehículo aéreo no tripulado”, es un arma militar infalible, sin ética, sin rostro, ni sentimientos, sin ningún tipo de épica o mérito de arrojo o valentía, sin ejecutor directo que pueda conmoverse o impactarse por la destrucción o el daño que causa, sin conocer su objetivo, ni sus motivaciones. Es una máquina, manipulada desde sitios remotos, secretos, inimaginables, por un autómata que solo maneja un “joystick” como si se tratara de un video juego.

Para la víctima o las víctimas, su aniquilación está asegurada, la supremacía de fuerza y tecnología es abrumadora, ni siquiera puede anticiparse o tener algún segundo para una plegaria o un último pensamiento, la muerte cae del cielo, de sorpresa, casi instantánea, sin posibilidad siquiera de una reacción instintiva, es brutal.

¿Quién juzgó a la víctima? ¿Quién decidió su aniquilación? ¿Quién es el verdugo? ¿Por qué? No habrá manera de saberlo, son acciones militares secretas, amparados en la impunidad que brinda la supremacía militar y tecnológica. Nunca se sabrá si la víctima era culpable o inocente, ni en base a qué ley, jurisdicción o tribunal fue decidida su ejecución. Menos se sabrá si fue un error o no, ni la magnitud de los llamados “daños colaterales” ¿Acaso le importa al verdugo? A veces son familias, bodas, mercados, servicios fúnebres, servicios o sitios religiosos, caravanas de transporte o sencillamente atender una llamada, todos los rituales de la cultura o la vida cotidiana son una oportunidad para precisar a la víctima. El verdugo solo necesita un cómplice que informe, una fuente de inteligencia que suponga una localización, para destruir todo lo que esté en un determinado perímetro.

Es la expresión final, la más acabada, del curso que están tomando los acontecimientos políticos a nivel internacional. No surge de la nada. Es un proceso que se viene gestando de actuaciones unilaterales, ilegales y muy violentas que persiguen determinados objetivos estratégicos, definidos en centros de tanques pensantes en la mayoría de las grandes potencias económicas militares.

El control de recursos naturales, el petróleo, el gas, minerales estratégicos, pasos marítimos, bosques, agua, minerales, espacios acuáticos, corredores estratégicos, posicionamiento geopolítico, aliados o enemigos políticos, negocios, intereses corporativos, son los elementos que inciden en el establecimiento de estos objetivos y los respectivos planes de acción. Luego, las motivaciones al público, a la opinión pública, para enmascarar los verdaderos intereses son muchas, muy sofisticadas en su conceptualización y elaboración: el extremismo religioso, racial, cultural, la intolerancia política, las disputas territoriales, el extremismo violento, el odio, el fascismo, el terrorismo.

Acompañando esta argumentación, cuando los anteriores no tienen impacto, entonces se esgrimen nuevos argumentos: los derechos humanos, el terrorismo, la lucha anti drogas, la corrupción. Ya no son suficientes las acusaciones de comunista, ni de Trotskista, Maoísta, etc., de la guerra fría, tampoco las acusaciones, de bruja, hereje o infiel de la inquisición. Las acusaciones y conceptos se adaptan a un mundo globalizado e ilustrado que requiere otras razones o motivaciones.

Ahora se cuenta con sofisticados medios de difusión e imposición de un pensamiento único o el direccionamiento de una matriz, que en segundos le da la vuelta al mundo y que es la antesala de cualquier agresión, que está planificada desde la identificación de cualquier posición política o movimiento geopolítico que no se subordine o que de alguna manera amenace los intereses o los planes establecidos por cualquier superpotencia. Es una guerra de cuarta generación, que se desarrolla de manera implacable y diaria, que no dudará ni se desviará de su propósito por algún cambio de administración, algún gesto desesperado de la víctima amenazada. Es el sistema el que actúa, el “establishment” internacional de las grandes corporaciones y poderosos intereses quienes actúan.

Esta es la situación que se está viviendo, lamentablemente, en muchas regiones del planeta. La confrontación diplomática contra Iraq, la campaña de satanización contra los iraníes, la agresión y sanciones contra Libia y Siria, finalmente, llegado el momento indicado y de acuerdo a situaciones u oportunidades identificadas como escenarios, se convierten en agresión directa, intervención militar, ocupación extranjera, guerra.

Es así de brutal: se destrozaron estos países para cambiar el escenario y tablero geopolítico en esta región tan estratégica, tanto por sus inmensas riquezas petroleras y gasíferas, como por sus ubicaciones geopolíticas y la existencia de corredores y espacios vitales para el dominio de las superpotencias.

Se invadió militarmente a Iraq y resulta que no habían armas de destrucción masiva, murieron un millón de iraquíes, el país no tiene instituciones, es presa fácil del extremismo religioso estimulado para dividirlo, en parte de su territorio  se estableció un Califato de Terroristas, donde se degüellan, asesinan inocentes por la intolerancia, un país fracturado, dominado ¿A quién le importa?, tumbaron a Saddan.

Ahora, luego de la intervención militar de la OTAN, Libia es un desastre, presa de milicias extremistas, armadas hasta los dientes para derrocar a Gaddafi, donde se esclavizan seres humanos, se tortura, encarcela, asesinan inocentes, se trafica con la vida de miles de africanos hacia Europa, se dividió al país en al menos tres agrupaciones tribales ¿A quién le importa?, tumbaron a Gaddafi.

No se sabe todavía a ciencia cierta por qué se inició la guerra en Siria, cómo llegaron miles de toneladas de armamentos a manos de grupos extremistas, cómo llegaron a su territorio más de 25 mil combatientes terroristas extranjeros, quién creo al ISIS o Daesh, cómo obtuvieron armamento pesado y misiles ¿A quién le importa? Tenían que derrocar al gobierno del Presidente Bashar Al Assad, no pudieron. Que el país este destrozado, que hayan muerto más de 300 mil Sirios, que hay más de dos millones de refugiados, que los niños mueran en aguas del Mediterráneo y sus cuerpos lleguen, como Alan Kurdi, dolorosamente sacrificados a sus costas ¿A quién le importa?

Por eso es que alerto una y otra vez a nuestro país y a nuestro pueblo. Nos amenaza la potencia militar más agresiva y brutal del planeta. Acá ya no importan gestos, ni maniobras. Ellos han decidido pasar a una etapa superior, peligrosa, de la amenaza a la agresión. NO valen leyes, ni acuerdos internacionales. Es el Dron, ¿Quién dispara? ¿Por qué? ¿Para qué?

La oposición es cuando menos una insensata, traidora a la Patria. ¡Qué triste papel para la historia! tendrán que responder por lo que pase en nuestro país. Han estimulado, pedido a gritos, exigido una intervención contra nuestro país, se han aliado a lo más derechista y reaccionario de nuestra región y de la extrema derecha de Florida. ¿Qué han ofrecido a cambio de tanta traición? ¿Qué obtendrán? A los seguidores de la oposición y a los que apoyan esta insensatez, solo les digo que las tropas extranjeras, ni las bombas, ni las sanciones, diferencian entre un bando u otro. Una vez que la bota extranjera ponga su planta insolente en nuestra Patria, les tocará luchar o pasar el resto de sus vidas humillados, dominados, un país tutorado.

Al campo Bolivariano, de la Revolución, a nuestras Fuerzas Armadas Bolivarianas, al Gobierno, las Instituciones del Estado, nuestras empresas públicas, al Poder Popular, al PSUV, a los partidos de la Revolución, a los trabajadores de la Nueva PDVSA, al pueblo en general, no podemos darnos el lujo de subestimar esta situación. No podemos tomar riesgos, improvisar en nada, estar atentos y movilizados.

Se impone una profunda discusión, en las instancias correspondientes, del curso de todos los asuntos de la Patria. Una revisión profunda de la gestión, de la solución de los problemas, del funcionamiento de nuestras empresas, de PDVSA, nuestra economía, las prioridades, los escenarios, nuestra capacidad de respuesta ante una situación excepcional.

Debe convocarse a todo el pensamiento revolucionario, todas las fuerzas progresistas, sectores nacionalistas. Hay que dar la batalla política, como se está dando, avanzar en las regionales y ganar, pero hay que reconocer errores en la conducción de la economía y en la gestión de nuestros asuntos. Evaluar objetivamente, para identificar problemas y avanzar. Dejar a un lado los intereses grupales, mezquinos, subalternos.

Proteger las instituciones que creó el Comandante Chávez en Revolución, todas ellas. No podemos despachar su obra con actuaciones grupales, ni acusaciones generales, temerarias. El Comandante las creó con un propósito. Hay que resolver los problemas que haya que resolver, pero no permitir que nadie, ni el enemigo, ni los oportunistas, ni los expertos de pacotilla, horaden su obra, pues están golpeando la moral de nuestros trabajadores, militantes, soldados y la credibilidad ante el pueblo, el pueblo humilde, ante el país.

Hay que cuidar nuestra Constitución, nuestras leyes, la majestad del Estado, su unidad, sus instituciones. Es nuestro marco legal, institucional. Los enemigos extranjeros apuestan a un Estado disfuncional, fallido. Esa será la excusa para la intervención, alegando crisis humanitaria o protección de los Derechos Humanos, como hicieron en Libia.

Por eso no podemos permitir que la oposición socave nuestras instituciones, ellos estimulan sanciones contra funcionarios justo para deslegitimar a nuestro Estado e Instituciones. La soberanía es un principio más completo, no solo es territorial, es política, legal, institucional.

Quien esté actuando al margen de nuestra Constitución y nuestras leyes debe ser sancionado, no importa si se ampara en la derecha internacional o alguna institución del Estado. Nuestro Estado y nuestra Revolución no están para darle excusas ni pie a ningún tipo de matriz para justificar agresiones.

Tenemos que estar alertas en la economía. Ella es el centro de todo, ella define. Hemos alcanzado logros extraordinarios en crear las condiciones para avanzar hacia el Socialismo. Es decir, darle base material, económica, a los grandes avances sociales, políticos de nuestra Patria. Fue lo que nos dijo el Comandante Chávez: “tenemos Patria”. No podemos ceder en estos avances.

Ellos, nuestros enemigos históricos, el interés transnacional y sus representantes locales, la oposición violenta y fascista, no van ceder en su empeño de derrocar nuestra Revolución y retroceder en todo lo que avanzamos con el Comandante Chávez. Peor, ahora que nos creen débiles o acorralados, quieren el saqueo, extirpar el Socialismo del corazón y la conciencia de nuestro Pueblo, por eso todas las salidas que proponen son cruentas, violentas. Solo ofrecen odio, intolerancia, persecución y violencia.

No dejarán de tocar a nuestra puerta los “amigos” que ofrecen resolver nuestros problemas, de la mano traen a las transnacionales, que por supuesto nos pedirán “flexibilizar” nuestras leyes, contratos, regulaciones, para hacerlas más atractivas al capital extranjero. Lo repito, no serán las transnacionales las que salven nuestra Revolución, de esta crisis tenemos que salir victoriosos pero caminando con nuestros propios pies, hacia el Socialismo.

Siempre lo he dicho a mis compañeros de trabajo y de lucha política, si he de equivocarme, prefiero equivocarme hacia la izquierda, jamás hacia la derecha. Por eso siempre he desconfiado de quien me trae una solución “mágica” de manos de un interés transnacional, algunas veces sucede de manera burda, la mayoría de las veces es solapada, enmascarada. Hay que estar atentos. Si alguien tiene dudas, pregunte, indague, eso nos lo decía Chávez. Si no encuentra la respuesta adecuada, entonces revise lo que decía o hacia el Comandante Chávez. Esa es nuestra fuerza, la irreverencia en la discusión, la unidad en la acción, siempre dentro del campo Chavista, Bolivariano, Revolucionario.

El tuiter y las redes sociales son importantes, pero no permiten discutir, pensar. A veces estás leyendo a un robot. Cuidado con los liderazgos de tuiter. El campo revolucionario, los medios de la Revolución deben permitir los espacios a la discusión, nada de censurar, limitar, controlar, me parece que no nos ayuda en estas circunstancias. Por supuesto, no vamos a caer en la ingenuidad de darles nuestros espacios a los enemigos de la Patria. Pero ¿Quién lo decide?

Confío plenamente en el Pueblo Venezolano, en el Campo Chavista y Revolucionario. Todo el Pueblo, jóvenes, trabajadores, dirigentes políticos debemos reflexionar seriamente sobre las amenazas que se ciernen sobre la nuestro País. Que nadie se espante, dude, desvíe del campo de la Patria. El futuro es nuestro, nos pertenece. ¡Viva Chávez! ¡Venceremos!