La orfandad de liderazgo de la oposición es tal, que el simple aleteo de un vampiro rumbo a Madrid, produjo una especie de brevísimo efecto mariposa -efecto murciélago, diría yo-, que llevó a algunos de opositores aferrados de la nada, a desearen voz alta, sin pudor alguno, que se nombre al Vampiro “¡Presidente, presidente!, en el exilio pero presidente”. Y El Vampiro, sediento de poder, posa su mano ultra derecha sobre su pecho vacío y apunta con su barbilla al cielo, en un gesto de exagerado orgullo y satisfacción. “Presidente”-piensa, relamiéndose los colmillos.  

“Presidente” -sueña despierta su esposa, imaginándose Primera Dama en La Casona, como era antes, cuando los Presidentes vivían en el este del Este, cuando cada quién tenía su lugar y los choferes eran choferes, nunca presidentes, y los soldados también eran choferes y jardineros y carga neceser… Aquellos tiempos cuando éramos felices y no lo sabíamos y la bandera tenía 7 estrellas, como debe ser… Sueña la vampira consorte mientras borra con un marcador azul la octava estrella de la bandera, que “apenas seamos gobierno la borraremos para siempre, porque esto de tratar de taparla con un Sharpie es fastidiosísimo”. 

“Presidente” -piensa su fiel servidor Igor, alias Lorent Saleh, aquel cuya profesión, según el mismo explicó, era ser terrorista. El que, con el apoyo del Vampiro iba a “eliminar muñecos” y a hacer estallar discotecas llenas de gente “¡fuego, fuego!”. “Presidente” -se imagina en un futuro en las calles, desahogando libremente toda en esa violencia, todas esas ganas de chapotear en sangre, interrumpida por el presidio impuesto por esta dictadura que “lo encerró por sus ideas” de poner bombas, de sembrar terror, de ejecutar asesinatos selectivos…  

“Presidente” -tuitean los bots del ala más violenta de la oposición, esa que habita en la redes sociales haciendo ruido, secuestrando a la dirigencia opositora, que es tan pendeja y tan cómoda que cree que Twitter es la voz de la calle.  

“¿Presidente?” -murmura Richard Blanco, heredero del vacío de poder en un partido de tres militantes. “Presidente yo” -dice y arma su nuevo bloque parlamentario: Richard y sus 13 enanos, la ultra oposición que no solo se opone furibunda al chavismo, sino que su furibundez les alcanza y les sobra para oponerse también la la oposición. 

“¿Presidente? ¡Ni de vaina!” -piensan Julio Borges, Ramos Allup, Capriles, Henri Falcón, Guanipa, Rosales, Andrés Velázquez, Juana La Loca y hasta Ismael Garcia que también se cree, como el resto de los creyones, que es presidenciable.  

“Ni de vaina” -dicen desde otro sector de la oposición, porque recuerdan “La Salida” que lideró El Vampiro junto al Psicópata Sifri y Juana La Loca, recuerdan el desastre que dejó aquella aventura sangrienta. Y puestos a recordar, pues, recuerdan que El Vampiro es un ser milenario, con una historia oscura ligada al pasado más oscuro del país, en la que lo menos malo que hizo fue caerle a rolazos y a chorros de agua a los viejitos que reclamaban el pago de su pensión. 

“Presidente, no, títere” -piensa Luis Almagro, títere de mayor rango, que lo recibe en su oficina con instrucciones claras: ni diálogo, ni elecciones, ni nada. Calle, calle y más calle sin retorno. Y además de instrucciones, Almagro se permitió una opinión: opositor que quiera paz, es colaboracionista del chavismo. 

Y con la cucharada de Almagro, este caldo amargo de la oposición se pone morado. “¿Y quién carajo es Almagro para meterse en los asuntos de los venezolanos? -dicen algunos fingiendo dignidad soberana. “Almagro debe moderar su incontinencia sobre temas venezolanos. Hace mucho daño” -sentencia un historiador que hace apenas un año decía todo lo contrario: “La MUD debe mostrarse enfática en su apoyo a Almagro y a la aplicación de la Carta Democrática para al caso venezolano”. Y una periodista descolocada con tanto lío, tuitea: “ahora resulta que desde el exterior quieren imponer agenda a venezolanos que se quedaron”. A la vez que retuitea a otro que dice que esas divisiones que fomentan algunos opositores y Almagro afectan negativamente el apoyo internacional. O sea, que no, pero sí… 

Ni presidente ni nada, dicen desde Primero Justicia y, pescando en río revuelto, destituyen de una zancadilla a Helen Fernandez, alcaldesa metropolitana, suplente del Vampiro, y tercera militante de su partido de tres. 

Ante semejante atropello, El Vampiro, indignado declaró: “El único alcalde metropolitano soy yo”. 

¿Y no y que eras presidente, pues? -Le preguntó alguien que ya no entendía nada, y que se quedó sin entender porque, acorralado por esa simple pregunta, El Vampiro no tuvo más opción que envolverse en su capa importada de Transilvania y -¡zuas!- desaparecer en una nube de polvo, caspa y telarañas. 


Fuente: carola chavez