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En todos estos años de gobierno chavista, la oposición no ha hecho sino meter la pata profundamente, meticulosamente, sistemáticamente; como a propósito, pues. La última de estas recurrentes torpezas se suma siempre a todas las anteriores, que como con un efecto de bola de nieve, se los lleva por delante y los vuelve papilla, una y otra y ooootra vez.

Para no hacer este cuento largo, sumemos del 2015 para acá: La Asamblea Nacional, en desacato (culpe las metidas de patas por no saber qué hacer con el tesoro político que supuso el revolcón electoral que nos dieron en diciembre de ese año), declaró el abandono de cargo del Presidente Maduro, que ya había sido declarado colombiano, y no sé cuántas cosas más, todo para que saliera en seis meses, “la cual (Maduro) no aceptó”…

Con la amnesia que los caracteriza, manejándose en acciones inconexas, todas terminadas en rotundos fracasos que, por supuesto, es mejor olvidar; olvidaron que ellos no reconocen al presidente y lo siguieron reconociendo. También olvidaron que hace un año, así a lo loco, como hacen ellos las cosas, en la plaza Sadel de las Mercedes, donde se celebran tradicionalmente los triunfos de Real Madrid y el criollísimo Oktoberfest, juramentaron un  tribunal supremo de justicia paralelo, al que llamaron legítimo, para ver si alguien les creía.

Apenas juramentados, los magistrados fake se establecieron en Madrid, Miami, Bogotá, Lima y Santiago… en cualquier lugar menos Caracas, claro. Hoy sesionan vía Skype, cada uno desde su rinconcito y dictan sentencias que son, fechadas en Coral Gables, selladas en Bogotá y publicadas por Twitter, dándole a la administración suprema de justicia un toque de la cosmopolita modernidad.

A los diputados opositores en desacato los alcanzó su olvidado pasado reciente cuando sus los magistrados en toccata y fuga aparecieron de la nada para enredarles el yoyo, más de lo que ya lo tienen enredado. Es que la mano peluda que los maneja a ellos, maneja a los otros también, según le dé la gana, y fue así como desde un salón del Congreso Colombiano, donde los magistrados fake venezolanos sesionaron, soberana y cómodamente, se dio un veredicto que les tomó varios días en alcanzar -como para que uno crea que fue bien debatida la cosa- y dictaminaron que había méritos para enjuiciar al presidente Nicolás Maduro. Entonces, como un balde de agua fría, le cayó a los diputados que nunca hacen quórum, un tuit del vampiro Ledezma instruyéndoles en los pasos que deben seguir: “¿Estamos claros, no? Se acabo la guachafita del falso diálogo, lo que corresponde es ejecutar decisión del TSJ legítimo y dimitir a Maduro. Asamblea Nacional debe proceder. Que las sanciones se incrementen, juicios Corte Penal internac y se aliste la Intervención Humanitaria” (sic). The End. 

The end no, porque esos mismos diputados no pueden hacer dimitir a un presidente que dicen que no es, porque ya dijeron que abandonó el cargo y es colombiano, y ¡Maduro vete ya!… y no se fue… ¡Menudo patuque! 

Y así, en esa bola de nieve, vemos a Omar Barboza, ex adeco que no quiere ser tan bolsa como Julio Borges, ni tan motor enchumbado como Ramos Allup, aferrado a la misma Constitución que desconocieron tantas veces, como cuando juramentaron a esos locos con ínfulas en la plaza Alfredo Sadel, y esgrimiendo artículos que lo libren de otra metida de pata. Y mientras más cita a la Carta Magna, más desnudos van quedando, y la pata se hunde más en su pozo de mentiras acumuladas, y saltan chispitas de ñoña, y se las lanzan unos a otros, y el presidente del TSJ legítimo, resulta que es español y eso no se puede, dice Barboza, devolviendo una cagarruta a los que los metieron es semejante patuque, y dejando a todos, incluso a sí mismo, expuestos en su irremediable majunchez.

Y Richard Blanco, el Igor del vampiro Ledezma, se quitó la camisa para buscar pelea, y se quedó con la franela de la selección nacional del fútbol española, que es, según él, la franela que nos une a todos. Y Ledezma  tuiteaba “se acabó la guachafita”, ignorando que la guachafita es él, que se creyó el cuento cruel de que es presidente en el exilio, cuando todos saben que es Julio Borges, o Luisa Marvelia, o Carlos Ortega, o Pablo Medina, o Freddy Guevara, cuando se sepa si ya llegó a Chile, o Jaime Bayly, porque qué importa… Que presidentes en el exilio es que le sobra en la oposición. 

Lo que les falta, eso sí, es decencia, coherencia, amor propio  y amor patrio; pero a estas alturas no le vamos a pedir peras al “horno”.

Y así dejamos a la oposición esta semana, unos con los crespos hechos, otros aferrados al salvavidas espichado de legalidad que violan a diario; eso sí, todos embarrados y con la pata metida hasta el cogote, majunchemente, como siempre.

Fuente: carola chavez