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Esa mañana, estaba M. Rajoy feliz en su despacho, recortando pensiones por aquí, presupuestos escolares por allá, privatizando hospitales más allá… Una mañana de primavera, con churros y chocolate, “churros españoles muy españoles, en español de España, sí, señor, sin dialectos de esos raros algunos llaman idiomas y que no son sino un español mal hablado, un invento diabólico separatista para adoctrinan niños. Menos mal que están los alemanes. Esa gente sí es gente y muy gente es, no como los belgas, que se negaron a encarcelar a Puigdemont, el bandido que hizo un referéndum inconstitucional, mire usted, y que andaría por ahí si no fuera porque hay países serios y alemanes, que no permiten que un golpista vaya y venga, como la sortija, sin que nadie lo detenga…” –pensaba absorto Mariano, mientras el churro remojaba el churro en la taza caliente, cuando una ráfaga helada surcó su despacho trayendo consigo una inexplicable y espesa niebla que desafiaba las puertas y ventanas cerradas del Palacio de la Moncloa.

“Sr. Presidente, afuera están un hombre con una ceja enorme y su vampiro mascota” –anunció un asistente, intentando sacudir la niebla que le hacían tropezar con los muebles. “¡Hombre! Esos son Julio Borges y Antonio Ledezma, mis amigos demócratas que quieren derrocar al Maduro. Hágalos pasar…

De disipó la niebla y aparecieron Ledezma, Borges y una señora que pasaba el coleto refunfuñando: ”Cada vez que viene este bodoque con cejas, tengo que limpiar el hilo de baba que va dejando a su paso… y todo por un sueldo muy por debajo de la media europea…”.  

“Tráigale churros con chocolate a mis amigos” -ordenó Rajoy, pero Ledezma dijo que él prefería desayunar con jamón de Jabugo y un “vinito”. ”Para mis amigos, todo, para Maduro nada|” -rió Mariano y firmó, jocoso, dos sanciones y una declaración contra las elecciones venezolanas, “porque la única elección que reconozco el aquel plebiscito que preguntaba democráticamente a los venezolanos si querían que la fuerza armada derrocara a Maduro…” 

Un asistente interrumpió las carcajadas golpistas y entregó una nota a Rajoy: ”¡Alemania dejó libre al golpista Puigdemont! -dijo Mariano derrumbándose en su sillón-. Dejemos el golpe contra Maduro para otro día, que ahora tengo que defender la democracia española, muy española…”

Fuente: carola chavez